El pasado 28 de febrero, en Ingebike, todos nos quedamos con la sensación de haber asistido a un magnífico concierto en el que un montón de artistas, a los que no veíamos, estaban actuando coordinadamente, interpretando una y otra vez una sinfonía que conseguía que cerca de 250000 personas podamos convivir alrededor de la Bahía de Santander, con una calidad de agua y un agua que da gusto verlo. Y que, según nos contaron, habían empezado planificándolo hace más de 30 años ….
El día empezó además muy bien, porque hasta el día anterior, estuvimos mirando de reojo a la lluvia, que no paraba … De hecho, hubo un correo de última hora del equipo, aventurando que no nos mojaríamos, y finalmente, ¡hasta el sol nos acompañó!. Quedamos en el campus de la Universidad de Cantabria, donde los afortunados que consiguieron una eBike, todavía empezaron más contentos la salida.

Y, con ganas de conocer que hace la Ingeniería Sanitaría y Ambiental para la Sociedad, empezamos a pedalear con ganas hacia el Sardinero. Algo imaginábamos de lo que íbamos a ver, porque mas o menos, todos los bikers sabemos lo que es “eso” del alcantarillado: todo el agua “sucia” que generamos en las casas, en las cocinas, en los baños, las duchas del gim, … lo tiramos por el fregadero, la baza, la lavadora,… y por tuberías discurre y discurre, siempre hacia abajo, como solo sabe hacer el agua. E, imaginamos, se juntará en tuberías y llegará a algún sitio donde, con la magia de la Ingeniería, se volverá a transformar en “agua”, mas o menos aceptable, que podamos devolver al medio ambiente.
Y cuando nos dimos cuenta, llegamos a la Plaza de Italia, causando un montón de envidia a los paseantes del Sardinero, a primera hora de la mañana, ya que no es habitual ver a un grupo de más de 30 ciclistas que íbamos juntos, por el carril bici. ¡Parecía que el grupo no acababa nunca, y si no, que se lo digan a los coches en los cruces de las calles, por el paso ciclista!


Y en esta parada, Álvaro Budiño, Ingeniero proyectista y biker de primera, nos contó que al alcantarillado también se le añade el agua que cae de lluvia y que se concentra en nuestras calles, plazas y tejados de las casas en las ciudades. Vamos, que todo se mete a la misma tubería … Este agua pluvial que se recoge nos contó que, limpia, limpia, tampoco está, especialmente al inicio de la lluvia, porque de hecho barre con fuerza donde cae: aceras, parques, hasta el pavimento de las calles, donde se acumulan partículas de los escapes de los vehículos … Y Álvaro nos conto que esta situación, cuando tenemos esos aguaceros que cae un montón de agua en poco tiempo, nos obligaría a tener tuberías super grandes que, seguro en algún momento, también se desbordarían. Y aquí nos descubrió al primer musico de nuestra orquesta, escondido bajo la calle y parte de la Plaza: los tanques de tormenta.

¿Qué son?. Pues, … un depósito grande, cuanto más grande, mejor. Y, ¿con que objeto? Pues para que cuando llegue la gran tormenta, toda esa agua quede retenida en estos espacios subterráneas, y que después, poco a poco, lo regulen y lo vayan encauzando al alcantarillado. De esta forma, no desborda la capacidad de las conducciones. Por lo visto, hay 6 tanques de tormentas en el sistema, distribuidos en distintas zonas de la ciudad de Santander, y todos ocultos, pero con un objetivo fundamental.
Aquí Javi, viéndonos las caras de querer seguir pedaleando, nos encaminó al túnel de Pombo y nos fuimos hacia Puertochico, donde hay otro tanque. Y, pensando mientras íbamos pedaleando y charlando cuando podíamos, porque el carril bici es de todos los bikers y a veces tocaba ir en fila india, para cruzarnos con otros ciclistas, hablando de lo que habíamos visto y de lo que cuadraba, pensando y pensando, …. Toda esa agua sucia que se va recogiendo de todas las casas de Santander, y que va para “abajo”, y para “abajo”, se junta en super tuberías, que lo llamaron colectores, y que claro, lo mas bajo que tenemos es la Bahía y el mar, a donde seguro que en algún momento, en el pasado, acababa llegando. Esta idea no pintaba bien, o mejor dicho, no olía bien … pero, de repente, el cabeza de grupo avisa de parada y mano en la manilla y a frenar. ¡Nueva parada! ¿Dónde estamos? Y, por cierto, allí no olía a naturaleza, a pesar de estar en las afueras de la ciudad.

Aquí Rubén Diez, nuestro ingebiker investigador, se empleó a fondo: nos entusiasmó con su conocimiento de la Ingeniería que se dedica a estas cosas, la Ingeniería Ambiental nos descubrió otro músico fundamental de la orquesta: la estación general de Bombeo de La Cántara. Su necesidad cae por su peso: si el agua se mueve por gravedad, y la vamos canalizando por una red de supercolectores, baja y baja de altitud y como no la queremos verter a la Bahía, y tampoco podemos poner estaciones para depurarla por todos sitios, pues la llevaremos a otra instalación para tratarla, que está a unos kilómetros y además, más elevada, porque estamos casi tocando el agua de la bahía…
Pues está claro que toca subir el agua. De nuevo Rubén, nos contó el trato, porque la ingeniería siempre negocia: vamos a intercambiar energía eléctrica, usando bombas, para elevar la cota del agua, que ganará energía potencial, nos explicó. Hablaba y hablaba, y nos contó que en el interior del edificio que veíamos, muy discretito, se esconden 7 potentes bombas, que aspiran el agua sucia, la impulsan metiéndola presión y son capaces de elevarla y conducirla finalmente hasta la Estación Depuradora de Aguas Residuales de San Román, a unos 2 kilómetros de distancia aproximadamente. Tienen una capacidad adecuada a la previsión de una población de 300000 habitantes. Traduciéndolo a algo que entendemos: tienen una potencia equivalente a 1000 tostadores de pan sencillos, y mueven 4,5 metros cúbicos cada segundo ….Y son capaces de meter el agua en una tubería de 1200 mm de diámetro, durante una longitud de más de 3500m, y a ganar cota … Y todo eso, en el edificio que estábamos viendo …Una estación de bombeo, bueno, una no, la super estación de bombeo del sistema. Y están en todo el sistema, de hecho, hay más de 20 a lo largo de la bahía.
De nuevo, el cabeza de grupo nos vuelve a poner contentos: ¡a las bicis, arrancamos! Y nuestros pulmones echaron de menos las bombas de la estación: ¡vaya subidita hasta que casi llegamos al Parque Científico y Tecnológico de Cantabria … Las vistas compensaban, pero una subida, es una subida … Y desde aquí, continuamos por el carril bici hasta La Albericia, donde abandonamos el carril rojo y toco seguir circulando por calles municipales, mayormente señalizadas con marcas viales y señales verticales de existencia de ciclistas. Poco a poco, los responsables en nuestro Ayuntamiento van incrementando los itinerarios en la ciudad, y muchos bikers del grupo, como siempre ocurre, descubrieron nuevas zonas para moverse. Empezaron los comentarios del tipo: ¡Qué chulo! ¿Y por aquí se puede venir? ¿Y a donde vamos? …


Y, casi sin darnos cuenta, llegamos a ver al director de la orquesta, donde acaban fluyendo todas las conducciones de saneamiento, y no solo las del municipio de Santander, de hecho las de gran parte de municipios que disfrutamos de la Bahía: Santander, Astillero, Bezana y Camargo. ¡Estábamos en la estación depuradora de aguas residuales de San Román!. Todas las piezas de la sinfonía que habíamos estado oliendo y viendo, acaban aquí …
Y comenzó nuestra Ingebiker Amaya Lobo. Sin prisa, pero sin pausa, desde la entrada a la estación, ayudada por fotos aéreas muy chulas, como las guías profesionales en los tours turísticos pero mejor, nos empezó a desmigar aquel montón de edificios, piscinas, cúpulas, tuberías, balsas …


Estuvimos más de media hora, que se pasó a toda velocidad. Nos contó que se diseñan para tratar aguas residuales urbanas, vamos, las de nuestras cocinas y baños. Y aquí la Ingeniería Civil se ha aliado con la Industrial y con la Química: entra el agua como llega, vamos, sucia, nos ayudamos de la gravedad para que decante lo más grueso, es decir, la porquería al fondo para tratarla como fangos, la metemos a un espacio donde la mezclamos con bichitos que devoran la materia orgánica, que para ellos es alimento, y de nuevo separamos el agua tratada de la materia que pueda quedar en suspensión.
Y no hemos acabado. Tenemos nuestra agua ya tratada, en condiciones para que pueda ser diluida en el mar para que la naturaleza actué también con su capacidad de depuración, y recupere el agua que, en su momento, captamos y potabilizamos, como vimos en la anterior salida, la estación del Tojo para el agua de Santander. Y lo hacemos con una nueva tubería, esta vez ya la salida final, que enterramos en el fondo del mar, que Amaya llamó emisario submarino. A más de 2.5 km aguas adentro, a una profundidad de más de 42 metros, se dispersa el agua tratada …Y entendimos la sinfonía que habíamos visto, y en algún caso olido, en nuestro recorrido: las generamos en nuestros hogares, la canalizamos a super colectores, intercalamos tanques de tormenta para que los aguaceros puntuales no desborden el sistema, la concentramos en las zonas bajas, la bombeamos hasta nuestra estación depuradora, la tratamos con toda la ciencia que tenemos en Ingeniería Civil y, recuperada, la volvemos al mar … ¡Que sinfonía!
Pero además, queremos que todo lo que llevaba el agua sucia y hemos conseguido arrebatar, y lo suyo nos ha costado; aprovecharlo. Empezamos. ¿Qué hacemos con los fangos? Pues tratarlos, en primer lugar. Nos contó que se hace en unos procesos que generan biogás, que recogen en una estructura esférica que vimos y aprovechan para reducir la necesidad de energía eléctrica en la estación. Y una vez estabilizados, les damos uso como fertilizante, para suelos y cultivos. La ingeniería siempre buscando como economizar todo lo que hacemos, tanto económica como ambientalmente. ¿No es una pasada?
Como es habitual, nuestros bikers plantearon montón de cuestiones, y no es para menos: ¿y qué pasa con otros productos, que también salen de los domicilios, como bastoncillos, aceites, cremas? ¿Y con actividades industriales ligeras que están en la ciudad? ¿Y con los metales pesados? ¿Y cómo usar responsablemente el agua? ¿Y si crece nuestra ciudad …? ¿Y si se desborda en un momento? ¿Y qué pasa con …? ¿Y …?
Rubén y Amaya, ingebikers de primera, se emplearon a fondo: tenían respuestas, pero a todos nos quedo en la cabeza que estábamos viendo un tema complejo, formado por un montón de componentes, diseñado para un escenario que está evolucionando y que permite que una sociedad habite con el mínimo gasto de recursos preciso para conseguir, en el fondo, nuestra Bahia limpia.
Y tocaba volver a pedalear. ¡Es lo bueno de nuestras salidas! Descubrimos Ingeniería que necesitamos y no vemos, a nuestro aire, viéndolo directamente, y además disfrutamos de un recurso de movilidad que cada día, nos gusta y anima a usar más …
Pero de repente, en Cueto, en la avenida del Doctor Diego Madrazo, vamos, donde el Mercadona, Rubén nos dijo que había que parar … Alguno pensamos: ¿nos van a invitar a algo en las terrazas donde están ya con los blancos y las cañas? ¿Qué raro?

Pero paramos en el Parque central, y entonces: ¿aquí no había una acera grande? Y nos enseñó algo que no conocíamos, y que nos asombró: en una orografía complicada, con pendiente, que estaba contribuyendo a que el agua de lluvia escurriera por un suelo impermeable se concentrase y acumulase en una zona baja al final de la calle, finalmente incorporándose al sistema de alcantarillado con sus colectores, bombas, depuradora, etc., la Ingeniería estaba experimentando con jardines urbanos que son capaces de amortiguar y retener al agua en su loco camino, como si de una esponja se tratase. Además del nuevo jardín, con un pavimento drenante, nos enseñó que lo que parecían hoyas sin acabar, eran intencionadas: el agua drenaba por el terreno a esos espacios, que nuevamente retenía hasta que se llenaban, favoreciendo la infiltración al terreno del agua de lluvia … Vamos, como los tanques de tormenta, pero en versión natural y a la vista, reduciendo el volumen de agua que finalmente se incorpora al sistema de saneamiento. ¡Qué ingenioso!

Y, al mirar los móviles: ¡las 13:30!. ¡Caray!. Menos mal que los de Ingebike nos dijeron que habíamos llegado al final, que lo estaban pasando fenomenal, pero que tocaba despedirse … Un día precioso de Febrero: sol, bici e Ingeniería. ¿Quién da más? Nos vemos en la siguiente

