Los puentes arco del Saja: una mañana para mirar las infraestructuras con otros ojos.

El pasado 30 de mayo, a las 9:00 de la mañana, 29 participantes nos reunimos en el área de autocaravanas de Puente San Miguel para afrontar la cuarta salida de IngeBike. Por delante nos esperaban 28 kilómetros de recorrido y tres pequeños puertecillos de montaña, ninguno puntuable, aunque el ambiente era de absoluta tranquilidad. Las bicicletas eléctricas —tanto las particulares como las de la Universidad— eran mayoría, así que todos estábamos convencidos de que completaríamos la ruta sin problemas, como siempre procuramos en IngeBike.

El objetivo de la salida era descubrir distintas formas de utilizar una de las tipologías estructurales más interesante, los arcos, aunque, a esas horas de la mañana, la curiosidad ingenieril todavía no había terminado de despertar. Comenzamos a pedalear por una vía lateral al ferrocarril hasta llegar a nuestra primera parada: el puente situado en la CA-136, en el barrio del Cristo de Puente San Miguel.

Un arco que sostiene la carretera

Allí, Javi Sánchez Haro nos presentó la primera estructura del día. Se trata de un puente con dos grandes arcos laterales que flanquean la calzada. El tablero se sostiene mediante unas péndolas de acero inclinadas que transmiten las cargas hasta los arcos.

La explicación sirvió para conocer una de las máximas de la ingeniería estructural: conseguir que cada material trabaje de la forma que mejor sabe hacerlo. El tablero transmite su peso y el de los vehículos a las péndolas de acero, que trabajan a tracción; y estas, a su vez, cuelgan de los arcos de hormigón, que resisten los esfuerzos a compresión y los conducen finalmente hasta los apoyos.

Como nos gusta hacer cuando tenemos ocasión, acabamos bajo el puente observando la estructura desde otra perspectiva. Allí pudimos comprobar que el tablero se encontraba aproximadamente a media altura de los arcos y que presentaba una notable esbeltez. Javi nos explicó que los ingenieros estrujan sus conocimientos y los materiales persiguiendo estructuras cada vez más ligeras y elegantes, y que para lograrlo utilizan emplean lo que llamó hormigón pretensado: formas de hormigón con cables de acero tensados en el interior que permiten reducir el espesor del tablero manteniendo su capacidad resistente. Sin duda, ¡ingenioso!

También nos hizo ver como se iniciaban los arranques de los arcos, firmemente empotrados en el terreno y encargados de transmitir todas las cargas al terreno.

Carriles bici y nuevas formas de movilidad

La ruta continuó hasta el Palacio del Marqués de Bustamante, donde enlazamos con el carril bici protegido habilitado sobre la N-634. Allí tomó la palabra el otro Javi, Sánchez Espeso, quien nos dio vía libre para afrontar la subida al Alto de Quijas.

Este tramo constituye un excelente ejemplo de adaptación de las infraestructuras a las nuevas demandas de movilidad. Aprovechando la existencia de un carril lento en la subida, que actualmente no tiene mucha utilidad al discurrir gran parte del tráfico por la autovía próxima, se ha reorganizado la sección de la carretera para incorporar dos carriles bici protegidos, uno para cada sentido de circulación. Una solución sencilla que demuestra cómo la ingeniería puede optimizar infraestructuras existentes para responder a las necesidades que demanda en cada momento la sociedad.

Los puentes de Golbardo: un siglo de evolución frente a frente.

Tras reagruparnos en Quijas, descendimos hasta Barcenaciones, uno de esos pueblos que invitan a regresar con más calma. Poco después llegamos nuevamente a la margen del Saja, donde nos esperaban dos estructuras singulares de la jornada: los puentes de acceso a Golbardo.

Esta vez observábamos puentes arco muy diferentes al primero. Ahora el tablero se situaba por encima del arco y las cargas se transmitían mediante puntales verticales hasta la estructura principal, que volvía a conducir los esfuerzos hacia el terreno gracias a la forma estructural. ¡Qué inteligente y eficiente es el mecanismo del arco!

El primero de ellos es una joya de la ingeniería, y lo tenemos aquí, en Cantabria. Construido a comienzos del siglo XX por José Eugenio Ribera, uno de los pioneros del hormigón armado en nuestro país, constituye uno de los primeros puentes de esta tipología construidos en España. Actualmente está cerrado al tráfico rodado y protegido como Bien de Interés Cultural.

Próximo aguas abajo, como si estuviese dialogando con el anterior, se encuentra su sucesor funcional: el nuevo puente de Golbardo. Aunque mantiene el esquema estructural de puente arco, en este caso el arco es metálico y sostiene un tablero de hormigón. Javi Haro aprovechó la ocasión para explicarnos algunos aspectos de su proceso constructivo, recordándonos que la forma en la que una estructura va a construirse es una cuestión fundamental que se tiene en cuenta desde las primeras fases del diseño. Porque, ¿cómo se construye un puente que tiene debajo un río? ¿O cómo se sostiene cuando se está construyendo? …

La visita continuó bajo el puente moderno. No buscábamos sombra, sino observar elementos que nunca tenemos ocasión de ver cuando, simplemente, lo utilizamos para pasar de una margen a la otra. Javi nos mostró que la estructura está preparada para ser monitorizada en tiempo real, permitiendo analizar su comportamiento cuando circula tráfico sobre ella, y ver que todo está dentro de los márgenes esperados.

También pudimos ver los grandes apoyos de neopreno situados sobre las pilas. Nos contó que es una parte esencial, ya que es la zona de unión del puente y de los estribos, y que tienen por finalidad absorber los movimientos y deformaciones de la estructura. De hecho, cuando se deforman más allá de ciertos límites, se tiene que proceder a su sustitución, lo que obliga a elevar temporalmente el puente completo.

Cuando el “arco” es un cable

Volvimos a las bicicletas para afrontar el segundo alto de la jornada. Lo coronamos en grupo y descendimos hacia Casar de Periedo, continuando por la mies hasta Cabrojo y, desde allí, hacia nuestro último puente del día, situado en Virgen de la Peña, en la CA-283.

Nuevamente nos encontramos ante una estructura completamente distinta. Si, tres estructuras de una misma tipología, pero con planteamientos totalmente diferentes.A simple vista claramente parecía un arco invertido, pero en realidad se trataba de un puente colgante. El tablero estaba suspendido mediante tirantes conectados a un cable principal que cruzaba el río apoyado sobre mástiles.

Aquí vimos claramente su singularidad. Mientras que los arcos de los puentes anteriores trabajan a compresión, el cable principal trabaja exclusivamente a tracción. De hecho, su geometría característica no recibe el nombre de arco, sino de catenaria, la forma que surge de manera natural cuando un cable cuelga bajo su propio peso.

Las preguntas se multiplicaron, pero Javi Haro fue resolviéndolas una tras otra manteniendo la atención del grupo.

Otra infraestructura invisible: depurar el agua

La última parada técnica de la jornada nos llevó hasta una infraestructura menos vistosa que un puente, pero igualmente imprescindible para el funcionamiento de la sociedad: la estación depuradora de aguas residuales.

Nuestros ingebikers especialistas en ingeniería del agua, Amaya Lobo y Rubén Diez, nos explicaron los principios básicos de funcionamiento de la planta. El objetivo parece sencillo de enunciar, aunque complejo de conseguir: eliminar materia orgánica, separar los sólidos y devolver al río un agua compatible con su capacidad natural de depuración.

La parada sirvió además para intercambiar reflexiones sobre una realidad  recurrente en muchos municipios: la existencia de redes unitarias de saneamiento, que recogen conjuntamente aguas residuales de procedencias diversas y aguas de lluvia.

El regreso

A partir de ese momento tocaba emprender el camino de vuelta. Como es habitual en IngeBike, intentamos evitar repetir itinerarios, y esta vez lo conseguimos plenamente.

Regresamos a Casar de Periedo para afrontar el tercer y último alto de la etapa por la CA-354 hasta el desvío hacia Rudagüera. Desde allí descendimos por una preciosa carretera para el ciclismo hasta el barrio de San Pedro, donde nos reagrupamos frente al restaurante La Ermita antes de continuar por una tranquila vía paralela al río que nos condujo hasta Villapresente.

Desde allí solo quedaba completar los últimos kilómetros hasta el aparcamiento de Puente San Miguel, donde llegamos alrededor de las 13:30 horas. Una hora perfecta para que algunos participantes prolongaran la jornada compartiendo mesa en alguno de los numerosos establecimientos que habíamos ido encontrando durante la ruta. Por nuestra parte, nos tocó cargar las eBikes y regresar a la Universidad.

Objetivo cumplido

Al final, una vez más, creemos que IngeBike logró su propósito: descubrir nuevas rutas, disfrutar de la bicicleta y tratar de enseñar a mirar las infraestructuras con otros ojos. Nosotros, nos lo hemos pasado fenomenal, y confiamos que también hayan disfrutado lo mismo todos nuestros amigos asistentes.

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