De Torrelavega a Suances por la vía verde: pedaleando entre barrios, puertos y una depuradora

El sábado 3 de octubre IngeBike volvió a Torrelavega. Empezamos como siempre, cargando las eBikes que la Universidad pone a disposición de la actividad, y que tanto nos gusta trasladar al equipo de ingebike. Y, una vez más, la salida tuvo personalidad propia.

La verdad: la previsión meteorológica no invitaba precisamente al optimismo. Bastaba echar un vistazo a los impermeables y cortavientos que aparecieron a las nueve de la mañana para comprobarlo. Javi Sánchez arriesgó en manga corta, y Rubén Diaz y Esther González apostaron por el chubasquero. Entre el resto de ingebikers que acudieron, había bastante variedad. Pero hay planes a los que cuesta desistir. ¿Cómo no recorrer las vías ciclables de Torrelavega y la Vía Verde del Besaya? Y si además la propuesta consistía en descubrir cómo el urbanismo y la ordenación del territorio moldean los lugares por los que pasamos cada día, el plan estaba completo.

En los rostros de los asistentes, los objetivos que les propusimos, aparecían intrigantes: cuando hablamos de urbanismo, ¿qué estamos viendo realmente?

Tras la foto de grupo en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Minas y Energía, hicimos la primera parada muy cerca, en el barrio Covadonga. Allí Esther nos trasladó rápidamente a la Torrelavega de mediados del siglo pasado, cuando el empuje industrial de empresas como Firestone atrajo a miles de trabajadores y obligó a construir vivienda a toda velocidad.

Lo interesante no fue tanto conocer cómo surgieron aquellos barrios como descubrir cómo mejoraron después. Parques, equipamientos, mejoras urbanas e incluso actuaciones tan importantes como el soterramiento del Bulevar Ronda tienen mucho que ver con algo que a veces olvidamos: la capacidad de los vecinos para organizarse y defender mejoras para su entorno. Una buena lección para empezar la mañana. A veces, a la buena Ingeniería, hay que empujarla un poquito.

Con las primeras ideas ya en la cabeza, volvimos a las bicicletas. Entre los participantes predominaban las eBikes. Y enseguida nos encontramos donde más nos gusta estar: pedaleando.

La Vía Verde del Besaya nunca decepciona. Despedimos Torrelavega, y continuamos desde Ganzo hasta Hinojedo, avanzando junto al río Besaya y compartiendo camino con caminantes, corredores y otros ciclistas. Entre conversación y conversación fueron apareciendo puentes, antiguas infraestructuras mineras, la nueva variante y algunas instalaciones, con piel de acero corten, que más adelante volverían a salir en la conversación.

Y entonces llegamos al antiguo puerto de Hinojedo. Parada ordenada, ya tenemos controlada la organización: bicis a un lado, y nosotros, al mirador.

Allí descubrimos que algo aparentemente sencillo puede convertirse en un auténtico rompecabezas administrativo. Un puerto minero abandonado, un puerto privado en la otra margen, la ría separando dos municipios, múltiples figuras de protección, distintas administraciones y un sinfín de condicionantes legales. Esther nos dejó claro que existe una jerarquía en el ordenamiento, y aparecieron de repente en escena el deslinde de Costas, la Red Natura, el POL, la CROTU y un montón de siglas que demostraban que cualquier actuación sobre el territorio es bastante más compleja de lo que parece desde fuera.

El debate surgió de forma espontánea. De hecho, probablemente habría continuado durante mucho más tiempo si el recorrido no nos hubiera obligado a seguir avanzando.

La siguiente parada nos regaló una de las mejores vistas de la jornada. Frente a nosotros aparecía Suances; La Ribera, el pueblo y la ría de San Martín de la Arena. Y, con ellas, otro desafío muy distinto.

¿Cómo conectar de forma cómoda la parte alta de Suances con la zona de la playa y el puerto?

Las ideas comenzaron a surgir rápidamente: ascensores urbanos, escaleras mecánicas, funiculares, transporte público, nuevos itinerarios peatonales y ciclistas… Fue uno de esos momentos en los que la conversación demuestra que la ingeniería no consiste únicamente en construir cosas, sino en encontrar soluciones para que la vida cotidiana funcione mejor.

Y cuando parecía que la mañana iba de miradores, paisajes, urbanismo y vías verdes, IngeBike decidió detenerse junto a una infraestructura mucho menos vistosa, pero infinitamente más importante de lo que solemos pensar: la estación depuradora de aguas residuales, o EDAR, de Vuelta Ostrera.

Allí tomó la palabra Rubén para recordarnos algo básico. Vivimos en lugares que queremos conservar. Estuarios, rías, playas y entornos naturales de enorme valor, que hemos aprendido a valorar, respetar y proteger. Pero también vivimos, trabajamos, consumimos agua y generamos aguas residuales. Y todo eso tiene que gestionarse.

Mientras observábamos las instalaciones, Rubén nos explicó cómo la depuradora recoge y trata las aguas de buena parte de las cuencas del Saja y del Besaya. Hablamos de tratamientos biológicos, de producción de biogás, de aprovechamiento energético y de reutilización de lodos. Temas que pueden parecer lejanos hasta que uno comprende que son una pieza fundamental para compatibilizar nuestra forma de vida con la conservación del medio ambiente.

Y sí, también aquí hubo debate. Y también hablamos de su situación administrativa.

La siguiente parada nos llevó hasta el entorno de SNIACE. Allí la conversación giró hacia la memoria industrial de Torrelavega. Nombres que muchos habíamos oído mil veces, como El Patatal, el Parque de las Tablas o el puente de los Italianos, empezaron a tener sentido dentro de una historia más amplia.

Sin embargo, la mirada de Esther no estaba puesta únicamente en el pasado. La gran pregunta era qué hacer ahora con esos espacios. Qué conservar, qué transformar y cómo encajar todo ello en la Torrelavega del futuro. Una vez más, la ordenación urbanística aparecía como una herramienta para tomar decisiones complejas sobre la ciudad que queremos construir.

La última parada nos esperaba en el barrio de La Inmobiliaria. Allí reapareció uno de los temas que habían acompañado toda la ruta: la necesidad de construir vivienda rápidamente durante el desarrollo industrial de la ciudad y las consecuencias que aquello tuvo décadas después.

Esther nos explicó cómo figuras como las Áreas de Rehabilitación Integral, las ARI, han permitido mejorar barrios enteros, no solo en los edificios, sino también en los espacios públicos y, en consecuencia, en la calidad de vida de quienes los habitan.

Y casi sin darnos cuenta, habíamos llegado al final.

Hemos olvidado comentar que la lluvia había vuelto a darnos tregua. Pero lo mejor es que habíamos pasado la mañana recorriendo en bicicleta algunos de los lugares que explican la historia, los retos y el futuro de Torrelavega.

Porque durante unas pocas horas hablamos de industria, medio ambiente, depuración, movilidad, participación vecinal, vivienda, planeamiento urbanístico y gestión del territorio. Temas complejos, sí, pero mucho más fáciles de entender cuando se explican sobre el terreno, viendo la realidad que los sustenta y con una bicicleta como compañera de viaje.

Y como suele ocurrir al final de cada salida de IngeBike, nos marchamos con dos sensaciones. La primera, haber aprendido algo nuevo. La segunda, tener ganas de volver a pedalear juntos cuanto antes.

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